El Divorcio

Cuando un cónyuge rompe el pacto matrimonial debido a haber cometido infidelidad,  entonces existen motivos bíblicos para el divorcio. El divorcio no es, por supuesto, requerido en tales casos, pero es permisible,  especialmente en los casos en que el cónyuge en pecado persiste en una relación adúltera (Mateo 19: 9).   

El apóstol Pablo agrega una segunda excepción, y es en los casos en que un cónyuge incrédulo abandona el matrimonio. Este sería el caso cuando uno de los dos cónyuges se convierte a Cristo en algún momento después de casarse y la otra persona se niega a continuar en el matrimonio y desea abandonarlo. (Ver 1 Corintios 7).

Otro punto importante es cuando existe abuso en el hogar.  En ningún momento la Biblia aprueba el abuso físico por parte del cónyuge.  La persona que sufre de abuso debe de abandonar el hogar antes que ocurra algo peor.  La Biblia se preocupa de proteger a los vulnerables. Ciertamente, debemos hacer todo lo posible para proteger a las víctimas de abuso, al mismo tiempo que respetamos el vínculo matrimonial.

Cuando hay un grave problema de pecado y no hay arrepentimiento entonces puede existir un motivo para la separación o divorcio tal como en un matrimonio donde el cónyuge es alcohólico, adicto a las drogas o tiene otros vicios que están afectando la estabilidad del hogar y los hijos.  Si estas parejas se encuentran experimentando tales situaciones, se aconseja tener  una seria conversación con un consejero profesional, seguida de una separación para ayudar que al cónyuge que se aleje de su pecado. Una separación de este tipo, junto con el apoyo de consejería profesional y terapia (si fuese necesaria para superar las consecuencias destructivas de los hábitos pecaminosos) podría tener el potencial de llevar a una sanidad, liberación y eventualmente una restauración.

Debemos de reconocer que hay una diferencia entre un matrimonio difícil o decepcionante y un matrimonio destructivo.  Excepto por estas razones, no hay justificación dada en la Biblia para el divorcio. No existen motivos para el divorcio debido a incompatibilidad, falta de amor o diferentes objetivos profesionales.

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